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20/01/2026

Marco Aurelio entre la filosofía y el poder, su dilema en un imperio romano en transición

Fuente: telam

El libro del profesor británico de filosofía William O. Stephens examina la emperador estoico para revelar su tensión constante entre las aspiraciones morales y las decisiones políticas y militares

>El legado de Marco Aurelio ha oscilado entre la imagen popular de un emperador-filósofo estoico y la complejidad de su verdadero gobierno al frente de Roma. Según un reciente análisis de William O. Stephens, profesor emérito de filosofía en la Universidad de Creighton, el atractivo duradero de Marco Aurelio radica en la tensión entre su ideal moral y las contradicciones de su política. Stephens sostiene en el libro Marcus Aurelius: Philosopher-King que el carácter del gobernante, forjado en la adversidad de su época, invita a preguntarse hasta qué punto consiguió sostener principios elevados en circunstancias extraordinarias.

Durante su juventud y adolescencia, Marco Aurelio, nacido Marco Annio Vero en el año 121, se distinguió por un temperamento reflexivo y disciplinado. Esta actitud atrajo la atención del entonces emperador Adriano, quien vio en él a un posible sucesor y le concedió el nombre de Verísimo. Poco antes de morir, Adriano adoptó a Antonino y dispuso que este, a su vez, adoptara tanto a Marco como a Lucio Vero, asegurando así dos generaciones de continuidad en el poder. Según las crónicas referidas en el libro de Stephens, este complejo entramado de adopciones consolidó a Marco Aurelio en la elite del imperio, preparándolo para la administración y afianzando sus valores bajo la tutela de Antonino, apodado Piadoso (Pius).

La llegada al trono de Marco Aurelio y Lucio Vero como cogobernantes en el año 161 coincidió con episodios críticos para Roma. La “peste antonina”, identificada posiblemente como viruela, se extendió por todo el imperio durante más de una década, causando la muerte de millones y afectando gravemente a la propia familia imperial. De los 14 hijos de Marco y su esposa, Faustina, solo sobrevivieron cinco hijas y un hijo varón, Cómodo. Esta trágica merma en la descendencia llevó a reconsiderar los mecanismos de sucesión, pues por más de 80 años ningún emperador había tenido descendencia legítima directa.

Stephens reconstruye con minuciosidad estos episodios bélicos, destacando la percepción del emperador como soldado tanto o más que como pensador. Según relata el autor, “aunque Marco era reconocido como filósofo en su época, su papel en los asuntos militares era más relevante para sus contemporáneos”. La tensión entre las obligaciones de la guerra y los principios del estoicismo, centrados en la fraternidad universal, es recurrente en las notas que redactó durante los recesos bélicos, y Stephens subraya que el emperador justificaba sus acciones al asegurar que tenía la misión de impedir que quienes poseían “mentes más simples” dañaran la comunidad.

William O. Stephens presenta estos dilemas sin eludir las controversias y admite que su retrato se inclina a favorecer la imagen del emperador filósofo. No obstante, el cuidadoso recurso a fuentes antiguas, muchas atraídas ellas mismas por el aura del sabio en el poder, deja espacio para seguir debatiendo hasta qué punto Marco Aurelio logró alojar en la vida pública el ideal moral que predicó en sus escritos.

Fuente: telam

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