SOCIEDAD
01/11/2026
Eutanasia: Fishel Szlajen refuta sus fundamentos y propone la adistanasia en el Senado
Fuente: Netfan Servicios
En la presentación de su libro "Cuidar sin Matar" en el Congreso de la Nación, el bioeticista refutó los fundamentos médicos, bioéticos, jurídicos e institucionales de la eutanasia y el suicidio asistido, y presentó la adistanasia como la alternativa superadora centrada en los deberes de cuidado, aplicable a instituciones sanitarias y políticas públicas.
La presentación de Cuidar sin matar: fundamentos bioéticos, jurídicos e institucionales, realizada en el Salón Emer Acosta del Senado de la Nación el jueves 29 de octubre, reunió a especialistas en medicina, cuidados paliativos y bioética en torno a un debate de creciente relevancia sanitaria y legislativa. El encuentro, organizado por la Dirección General de Relaciones Internacionales del Senado, contó además con salutaciones y expresiones de adhesión de autoridades nacionales.
Rabino, doctor en filosofía y posdoctorado en bioética, Fishel Szlajen es miembro titular de la Pontificia Academia para la Vida en el Vaticano y de la Comisión Nacional de Bioética en Argentina. Lo acompañaron el oncólogo Gustavo De Simone, fundador y director de Pallium Latinoamérica, quien aportó su experiencia científica y clínica; y Clara Cullen, licenciada en Enfermería y exjefa de Enfermería de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Tornú, desde el acompañamiento de pacientes y familias. Moderó Juan Bautista González Saborido, director de Organismos Internacionales del Senado.
Durante su exposición, Szlajen recordó el caso Ludueña, examinado en 2025 por la Suprema Corte bonaerense, que planteó una pregunta anterior al debate sobre la eutanasia: ¿qué debe hacer el Estado cuando una persona pide morir sin tener garantizado el alivio de su sufrimiento? La Corte no reconoció un derecho a la eutanasia y dispuso medidas provisionales de atención sanitaria, poniendo de relieve las obligaciones estatales de cuidado.
La investigación de Szlajen cuestiona una falsa disyuntiva que condiciona el debate: prolongar artificialmente la agonía o provocar la muerte. El bioeticista sostuvo la existencia de una alternativa capaz de evitar ambos extremos, respetando simultáneamente la autonomía del paciente, su dignidad, los fines de la medicina y el derecho vigente: la adistanasia u ortotanasia, acompañada de cuidados paliativos integrales.
Su análisis identificó severas contradicciones de las respuestas eutanásicas, como respuesta irreversible frente al hecho demostrado que el deseo de adelantar la muerte es fluctuantes y potencialmente modificable, condicionado por dolor insuficientemente tratado, depresión, miedo, soledad o desatención. Por ello, respetar la autonomía exige comprender cada petición, investigar sus causas y garantizar alternativas asistenciales antes de adoptar decisiones imposibles de reparar.
Sin embargo, su objeción más profunda subsiste incluso ante una persona plenamente competente, informada y adecuadamente asistida que mantiene su deseo de morir. Porque "habría que demostrar que causar o facilitar deliberadamente la muerte es parte de la práctica médica acorde a sus fines y bienes propios, debido a que de una legalidad no se sigue la medicalidad". Básicamente, una autorización legislativa no transforma automáticamente esa conducta en práctica médica. Y el consentimiento y la intervención profesional no modifican por sí solos los fines constitutivos de la medicina, orientados a curar, aliviar y cuidar.
Esta distinción encuentra respaldo en importantes organizaciones profesionales. La Asociación Médica Mundial rechaza la eutanasia y el suicidio médicamente asistido; la Asociación Médica Estadounidense los considera incompatibles con la función sanadora; la Asociación Europea de Cuidados Paliativos los excluye de la atención paliativa, y la Academia Nacional de Medicina argentina rechaza su aceptación como práctica médica.
Frente a estos problemas, Szlajen demostró que la adistanasia constituye una respuesta superadora por su coherencia médica, bioética y jurídica. Permite limitar o retirar tratamientos fútiles o desproporcionados, evitar reanimaciones inútiles y adecuar el soporte vital, manteniendo el control del dolor, el acompañamiento y la sedación paliativa proporcional cuando existen síntomas refractarios. Su finalidad no es provocar la muerte, sino que esta sobreviene por la enfermedad subyacente y evita además el ensañamiento terapéutico impidiendo prolongar artificialmente el sufrimiento. Se puede finalizar una intervención que perdió sentido terapéutico, pero nunca el cuidado.
La solución posee además una ventaja jurídica fundamental porque no exige crear una prestación destinada a causar la muerte, sino garantizar derechos ya reconocidos por las leyes 26.529 y 26.742, sobre derechos del paciente, y 27.678, de cuidados paliativos. Para el autor, esta respuesta preserva la dignidad humana, que no depende de la salud, estética ni de la autonomía funcional. "Cuanto mayor es la vulnerabilidad, mayor debe ser la obligación de cuidado, no el abandono por descarte", expresó Szlajen.
El libro examina también los proyectos de ley locales y las experiencias de Canadá, Bélgica, Países Bajos, Colombia y España. Analiza dificultades relacionadas con el consentimiento, las definiciones legales, los controles preventivos y las constantes ampliaciones de criterios de acceso, fenómeno conocido como "pendiente resbaladiza". Esto plantea el desafío legislativo, según Szlajen demostradamente fracasado en el mundo por los propios datos y casuística de aquellos países, sobre cómo sostener límites cuando la provocación de la muerte se incorpora como prestación sanitaria. La adistanasia, en cambio, evita directamente ese problema específico porque no introduce una excepción destinada a causar la muerte, sino que limita tratamientos desproporcionados sin abandonar al paciente.
Además, la contribución institucional de la obra es un Protocolo Bioético-Institucional para el Final de Vida, que transforma estos fundamentos en decisiones concretas: evaluación clínica, planificación anticipada, deliberación interdisciplinaria, intervención de comités de bioética, documentación y auditorías. Basado en su Ética del Límite, Szlajen desarrolla un marco de bioética pública para orientar hospitales, fortalecer políticas sanitarias y evaluar proyectos legislativos antes de que sus errores se tornen estructurales y sus consecuencias resulten irreversibles.
La propuesta no se limita, por tanto, a rechazar la eutanasia, sino que ofrece una arquitectura de cuidado que articula dignidad, autonomía, proporcionalidad terapéutica, seguridad jurídica y responsabilidad estatal.
"Cuando la medicina alcanza el límite de lo que puede curar, no alcanza el límite de lo que debe cuidar. Y cuando el legislador decide qué puede autorizar, nunca debe olvidar a quién está obligado a proteger", sintetizó Szlajen.
Fuente: Netfan Servicios