Jueves 22 de Octubre de 2026

Hoy es Jueves 22 de Octubre de 2026 y son las 12:12 - TELÉFONO RADIO DIEZ 3482-437800 -///- RADIO CENTRAL 3482-422046 -///- RADIO CULTURAL - 3482 - 426930

SOCIEDAD

22/10/2026

Luz, bombera voluntaria y dueña de un eco-glamping en las sierras de Córdoba: "Cualquier paso pequeño para cambiar es parte del camino"

Luz, bombera voluntaria y dueña de un eco-glamping en las sierras de Córdoba: "Cualquier paso pequeño para cambiar es parte del camino"

Fuente: Netfan Servicios

La expublicista y su pareja, Santiago, se instalaron en San Javier tras un año de viajes como mochileros. Edificaron un rancho de adobe, formaron una familia en un terreno sin tendido eléctrico y se convirtieron en atractivo turístico

La decisión de dejar la publicidad y la vida urbana llevó a Luz y a su pareja, Santiago, desde Buenos Aires hasta un rincón de Traslasierra, en Córdoba. Doce años después, construyeron su casa de adobe, formaron una familia, desarrollaron un eco-glamping y ella se sumó al cuerpo de bomberos voluntarios para proteger el monte nativo de los incendios.

La historia fue contada por la protagonista en el canal de YouTube Sueños de Ruta, que entrevista a personas que se animaron a tomar nuevos rumbos. Allí relató que el deseo de cambiar de rumbo apareció con fuerza cuando esperaba a su primera hija. "No queremos criar a nuestra hija en Buenos Aires", recuerda que pensaron entonces.

Luz es licenciada en Comunicación Social y trabajaba en una agencia de publicidad porteña, donde conoció a Santiago. Con el paso del tiempo, empezó a cuestionar el sentido de ese trabajo: le resultaba difícil participar de campañas para bancos y empresas de agroquímicos.

"Estar pensando en cómo venderle esos productos a gente que en realidad no los necesitaba me generaba angustia", contó. La incomodidad se acumulaba en cada reunión y terminó por empujar una conversación que cambiaría el rumbo de la pareja.

Antes de instalarse en Córdoba, viajaron durante un año como mochileros. Recorrieron distintos lugares y conocieron formas de habitar alejadas de la rutina de oficina. Más tarde, con Francisca todavía pequeña, eligieron instalarse en San Javier, en el valle de Traslasierra.

El terreno estaba rodeado de monte nativo, espinillos, chañares y manzanitos. No contaba con tendido eléctrico y exigía adaptarse a un ritmo condicionado por el agua, el clima y la vegetación. "Buscábamos un cambio de vida", resumió Luz.

El primer hogar de la familia fue un rancho de adobe con techo vivo. Luz y Santiago lo levantaron con ayuda de albañiles para algunas tareas estructurales, pero realizaron gran parte de la obra con barro y materiales naturales.

"Nunca en mi vida había puesto mano en un ladrillo, menos con barro", relató. Antes de empezar, participaron en cursos de permacultura y bioconstrucción, pero el aprendizaje principal llegó durante la obra.

La pareja también recurrió a la minga, una práctica de trabajo colectivo basada en la colaboración y la reciprocidad. Amigos se acercaban a ayudar en la construcción; luego, ellos devolvían ese trabajo en otros proyectos. "Nos fuimos haciendo de a poquito la casa", explicó.

En ese rancho vivieron durante el primer año. Allí, además, nació Jacinto, el segundo hijo de la pareja. Luz había planificado atravesar el trabajo de parto en su casa y trasladarse al hospital de Villa Dolores si lo necesitaba, pero el nacimiento se adelantó a la llegada de las parteras.

"Entró la partera y Jacinto ya estaba coronando", recordó. En ese momento, la vivienda todavía se iluminaba con faroles de querosén. "A la mañana siguiente me levanté en mi cama con mi bebé, en mi casa. Fue mágico", dijo.

Durante los primeros años, la familia vivió sin conexión a la red eléctrica. Con el tiempo incorporaron paneles solares para contar con iluminación y cargar dispositivos de baja potencia, aunque la vida cotidiana mantuvo una relación directa con los recursos disponibles en el lugar.

El monte también impuso sus propias reglas. Luz y Santiago probaron con huerta, gallinas, ovejas, caballos y árboles frutales. Sin embargo, la escasez de agua en verano, la dureza del suelo, los animales y los depredadores complicaron varios de esos planes.

Los zorros y las comadrejas, por ejemplo, afectaron varias camadas de aves. Para protegerlas, construyeron un gallinero móvil, con ruedas y tejido incluso en la parte inferior para evitar que los animales cavaran y entraran.

La huerta tuvo sus momentos de abundancia, con tomates, lechugas y rúcula, pero demandaba una dedicación que luego resultó difícil de sostener. "Es mucho trabajo", señaló Luz al describir las piedras del terreno, la falta de agua y las plagas. La experiencia, dijo, les permitió revisar expectativas y modificar prioridades.

La transformación personal de Luz también tomó un camino que no había imaginado. Hace unos años, un incendio forestal de gran magnitud afectó una localidad cercana. Desde su casa, vio las llamas avanzar sobre las sierras y sintió que debía colaborar.

Esa misma noche se acercó al lugar donde se organizaba la asistencia, con provisiones y la intención de ayudar. Sin embargo, recibió una respuesta directa: sin conocimientos ni equipamiento, lo más conveniente era no intervenir en la emergencia.

La situación la llevó a tomar una decisión. Al día siguiente se presentó en el cuartel de bomberos de San Javier y comenzó la formación. Estudió durante algo más de dos años y finalmente se convirtió en bombera voluntaria.

"Yo tengo que poder ayudar con algo", recordó sobre aquella noche. Desde entonces participó en operativos, incluidos incendios cerca de viviendas. En una de sus primeras salidas, en Luyaba, le tocó combatir el fuego en la zona de interfaz, el sector donde las llamas amenazan casas.

"Cuando hay casas, hay que ir ahí a ponerle el pecho", explicó. Luz señaló que, por fortuna, en los últimos años no hubo incendios de gran escala en San Javier, aunque el riesgo forma parte de la vida en la región.

La idea de abrir un alojamiento estaba presente desde antes de la mudanza. Durante el viaje que hicieron por distintos países, Luz y Santiago habían dormido en carpas instaladas en el desierto del Sahara y conocieron el concepto de glamping, una combinación de camping y comodidad.

Cuando llegaron a Traslasierra, hace alrededor de una década, el formato todavía era poco frecuente en la zona. Así nació Chakra Raíz, un emprendimiento que fue creciendo de forma gradual, sin una gran inversión inicial.

Primero instalaron una carpa y, con el tiempo, sumaron otras unidades, una casita y espacios comunes. Cada una cuenta con panel solar, cama, salamandra y sectores exteriores para descansar frente a las sierras. Los senderos incorporan carteles elaborados por Luz para identificar especies del monte y compartir información sobre sus usos.

El diseño busca que los visitantes interactúen con el entorno. Por eso, los calefones a leña requieren que cada huésped recoja ramas y encienda el fuego para calentar el agua de la ducha. "La idea es que conecten con el valor de algo tan sencillo como darse una ducha", explicó.

El proyecto cambió junto con la familia y el terreno. Hubo estructuras que debieron ser reforzadas después de temporales y pruebas con distintos sistemas de techos. "No vinimos con una inversión grande y listo; lo fuimos haciendo de a poquito", dijo Luz.

Al hablarles a quienes desean modificar su vida, evitó presentar su historia como una fórmula. Propuso, en cambio, prestar atención a aquello que genera malestar y avanzar de manera gradual: "Cualquier paso pequeñito que se pueda ir haciendo es un pasito más hacia donde uno quiere estar".

Fuente: Netfan Servicios