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27/11/2025

El imponente casino abandonado en Necochea tasado en USD 9 millones y los motivos de su ocaso: “Se desoyó la geografía local”

Fuente: telam

Así lo aseguró el arquitecto y urbanista necochense Néstor Jorge Freitas, quien participó de varios peritajes del edificio. ¿Recuperación, venta o demolición? En el corazón de la ciudad, la pregunta late desde hace años

>Por décadas, el monumental Casino de Necochea fue más que un edificio: fue un símbolo de identidad, modernidad y ambición arquitectónica. Hoy, convertido en un cuerpo vacío y corroído frente al mar, es un enigma urbano, una reliquia fantasma envuelta en polémicas, incendios y sueños rotos. Su estructura —tasada oficialmente en USD 9 millones— permanece en el limbo: ¿recuperación, venta o demolición? En el corazón de la ciudad, la pregunta late desde hace años.

Pero en 1944 el Estado nacional estatizó el juego y el viejo casino pasó a la órbita de la flamante Sociedad de Loterías y Casinos. Años más tarde, fue trasladado al Hotel Necochea, que posteriormente fue demolido. Con él, desapareció aquel primer complejo lúdico. La ciudad se quedó sin su emblema y ese vacío sería el germen del proyecto más audaz de su historia

Las obras comenzaron formalmente en 1972. Dos años después, el 9 de febrero de 1973, el casino abrió sus puertas parcialmente terminado, a contrarreloj: el presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse estaba a semanas de dejar el poder y su ministro de Bienestar Social, Oscar Puiggrós, quería su nombre inmortalizado en la placa inaugural.

Su infraestructura asombraba. Tenía 50 mesas de juego revestidas en mármol de Carrara y Verde Alpe, pista de bowling de última generación, discoteca y pista de patinaje, piletas frente al mar con toboganes de cemento, galería comercial y un teatro auditorio oval. Éste último fue la “joya” del complejo y su forma hizo que lo bautizaran como “el ovni posado sobre las dunas”.

Era el orgullo de Necochea. Una reparación simbólica tras la polémica demolición de la rambla. Pero bajo el glamour había un problema que los arquitectos advertían en voz baja: la estructura estaba condenada.

La dictadura, la crisis económica y la inauguración de la ruta 11 —que aisló a Necochea de los grandes flujos turísticos— golpearon al casino de lleno y el esplendor empezó a desmoronarse.

El segundo tuvo lugar en 2001 y las causas nunca se esclarecieron: el fuego devastó la sala de juegos, el corazón del complejo. El rumor del sabotaje recorrió la ciudad, pero jamás hubo culpables. Tras ese incendio, comenzaron los robos: butacas arrancadas, estructuras metálicas sustraídas, decorados desaparecidos. La decadencia se volvió visible.

El último siniestro sucedió después de la pandemia. Se prendió fuego el auditorio y después de ese momento el municipio hizo dos llamados a licitación: en uno hubo un oferente rechazado por cuestiones formales, y en el otro no se presentó nadie.

Actualmente, solo una pequeña sala de juegos —a cargo del gobierno de la provincia de Buenos Aires— continúa funcionando. Es que después de varias reuniones entre funcionarios provinciales, autoridades del Instituto de Casinos de la Provincia y del municipio de Necochea, se llegó a un acuerdo conjunto para reabrir una de sus salas en enero de 2023 y así cumplir con el deseo de muchos necochenses, quienes consideran al casino como parte de su historia.

“Fue como hacer un Titanic”, sentenció a Infobae Néstor Jorge Freita, arquitecto, urbanista y voz crítica de la historia local, al evocar la génesis y el destino del coloso sobre la costa. La comparación no es caprichosa: la obra, tan monumental como desafortunada, parece arrastrar las mismas arrogancias y errores de diseño que hundieron al legendario transatlántico.

Explicó que, así como en el Titanic se priorizó el lujo y la grandilocuencia sin prever la resistencia de los materiales frente al frío extremo, en Necochea se impuso una estética foránea que despreciaba la sabiduría local. “La falla no fue solo del capitán. Hasta se descubrió que las planchas de hierro del Titanic no resistían la baja temperatura. Fue un efecto dominó. Lo mismo nos pasó acá”, sentenció sin estridencias pero con la pesadumbre del que conoce el final de la historia antes de que termine.

“En un país ávido de modernidad y seducido por la imitación de aquella época, la importación acrítica de modelos extranjeros terminó por desoír la voz de la geografía y del sentido común local”, explicó Freita al criticar que en la obra no intervinieron profesionales locales.

El experto señaló que hacer el casino frente al mar fue uno de los primeros errores de cálculo: “Los materiales elegidos —aluminio ensamblado con pernos de hierro y paneles de chapa para el techo— no resistieron el embate del clima costero. Se convirtieron en una fuente de deterioro acelerado ya que el aluminio reacciona con el hierro y ambos se corroen >Freitas especificó que los mecanismos de erosión, la sal y el viento castigaron cada centímetro de la obra, agrietaron las estructuras y expusieron, en pocos años, la vulnerabilidad de una obra que intentó domesticar el entorno sin comprenderlo. “La chapa frente al mar caduca en breve tiempo”, afirmó.

“La arquitectura del casino —imponente, de frente marítimo, con una pileta orientada al sur y galerías deambulatorias al abrigo de un viento inclemente— no respondía a ninguna lógica local”, aseguró Freita, quien se preguntó: “¿Por qué ubicar una pileta en la cara más fría y ventosa? En Necochea, nadie orienta la entrada de su casa hacia el sur”, remarcó el arquitecto, casi como una lección de primer año de arquitectura.

Con respecto a su diseño vanguardista, dijo que “era funcional y estético en países templados, pero resultaba letal en la costa bonaerense”. Y agregó: “La pileta, pensada para ofrecer vistas al océano, quedó expuesta precisamente a aquello que los lugareños aprendieron desde niños a esquivar”.

Pese al abandono, la comunidad encontró maneras de apropiarse de los restos. El estacionamiento, la parte trasera del casino, se volvió el espacio libre donde los niños aprenden a andar en bicicleta y las familias van a tomar mate los fines de semana. “Lo que no estaba pensado para el público, lo usó el público”, resumió Freita, con una mezcla de ironía y orgullo.

Su imponente estructura suele atraer a curiosos que se dedican a documentar los sectores que quedaron en ruinas. En sus contenidos describen cómo quedó el bowling, la pista de patinaje, las piletas secas frente al mar y los subsuelos oxidados con sus columnas metálicas corroídas por la salitre.

Uno de ellos es Tadeo, dueño del canal @elmultiversodetade, que recorrió hace menos de un mes, con cámara en mano, los rincones de este “elefante blanco” que aún conserva los vestigios de una época dorada de Necochea.

Contó que la pista de patinaje, el playón y varios sectores exteriores continúan funcionando como punto de encuentro para los necochenses, casi como si el deterioro del complejo fuese parte natural del paisaje urbano.

“Para muchos habitantes, el casino forma parte de la identidad local. Me crucé con vecinos que decían ‘si no fuiste a tomar mates al estacionamiento del casino, no sos necochense”, contó.

Entre las ruinas, uno de los sectores más impactantes es el de las piletas, hoy tapiadas y abandonadas. “Desde afuera puede verse la pileta principal, otra más pequeña posiblemente destinada a niños, y estructuras donde funcionaban las barras del área recreativa. Todo este sector tenía un valor único: estaba ubicado frente al mar, permitiendo nadar con vista directa al océano, algo que lo convertía en un atractivo excepcional en los años 70”, describió.

“El bowling lleno está lleno de grafitis y cosas rotas. Las canchas de madera se ven, pero no me animé a pisarlas por seguridad”, contó. Mientras que “el subsuelo es lo más abandonado, pero curiosamente lo menos vandalizado. Hay máquinas viejas, cosas tiradas… hasta un ventilador antiguo”.

El casino es hoy un dilema entre memoria y pragmatismo. Un símbolo de lo que Necochea quiso ser y ya no es. Un gigante que nació deslumbrante, se deterioró rápido y murió en silencio entre incendios y abandono..

Fuente: telam

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