SOCIEDAD
21/08/2025
Grietas, paredes de hielo y falta de oxígeno: la proeza de los nueve hombres del Ejército que hicieron cumbre en el Himalaya
Fuente: telam
Fue el 5 de agosto pero hace unos días que volvieron al país. Cómo fue el ascenso, las dificultades con las que se encontraron en un terreno difícil con un clima hostil. “Todos volvimos”, destacó el jefe del grupo
No era una misión sencilla. El Kun fue escalado por primera vez en 1913 por los alpinistas italianos Piacenza y Borelli y por el francés Gaspard, y la siguiente ascensión no se produjo hasta 1971, lo que subraya su gran dificultad.
Todo había empezado en Nueva Delhi, donde estuvieron dos o tres días y participaron del acto por la independencia argentina; luego, el grupo viajó a Leh, un antiguo poblado al norte del país, donde comenzó la aclimatación y los controles médicos. De ahí partieron a Kargil, donde en 1999 hubo una guerra entre hindúes y pakistaníes por el control de Cachemira.
Lo que los esperaba era peligro puro. Caminar sobre lo se denomina “glaciar vivo”, a unos 5.300 metros de altura, y donde hay que tener especial cuidado de las grietas, disimuladas por la nieve.
Lo mismo que hicieron ellos lo haría el grupo 2 que con algunas horas de diferencia. Venía detrás y tenían un limitado contacto por radio. Al suboficial principal Bustos se le rompió una puntera de un grampón, que van asidos al calzado. Maidana pudo recuperar la pieza y la volvió a colocar, pero hizo un mal movimiento y se desgarró. Bustos se daría cuenta de la lesión cuando ya había pasado la adrenalina del ascenso.
Cuando estuvieron todos junto a los hindúes, se reorganizaron las actividades para completar la etapa final. Estaban condicionados por el tiempo: debían hacer cumbre antes de las 10 de la mañana, que era, según las previsiones meteorológicas, cuando el tiempo empeoraría. Además, con la salida del sol, la nieve tiende a aflojarse y a provocar avalanchas.
Cincuenta metros antes de la cumbre, el sargento ayudante Sandro Villafañe cayó en una grieta profunda. Quedó colgado y sus compañeros hicieron malabares para sacarlo de ese atolladero.
Por cuestiones de seguridad, las fotografías las tomaron veinte metros más abajo, donde los aguardaba el ejército indio con banderas. Los festejos y abrazos se multiplicaron.
Para Antoñana fue muy valioso el haber compartido con sus pares indios creencias y costumbres tan distintas a las nuestras, en una cordillera, a la que describió como “muy técnica”.
La patrulla estuvo conformada de la siguiente manera: Mayor Ramiro Antoñana, del Comando de la VIIIva Brigada de Montaña, Mendoza; Capitán Rodrigo Orellano, del Batallón de Ingenieros de Montaña 6, Neuquén; el Suboficial mayor Pedro Rodríguez, de la Compañía de Cazadores de Montaña 8, Puente del Inca es el encargado de la patrulla. Luego vienen el Suboficial principal Néstor Maidana de la Compañía de Cazadores de Montaña 8, Puente del Inca; Suboficial principal Juan Bustos, de la Compañía de Cazadores de Montaña 8, Puente del Inca; Sargento ayudante Víctor Giordano, del Regimiento de Infantería de Montaña 16, Uspallata; Sargento ayudante Carlos Villafañe, de la Escuela Militar de Montaña, Bariloche; Sargento primero Oscar Oro, del Regimiento de Infantería de Montaña 11, Tupungato y el Sargento primero Diego Alegre, perteneciente a la Escuela Militar de Tropas Montadas, Buenos Aires.
Remarcó que la edad promedio del grupo es de 46 años, que le sirve para fundamentar que “lo viejo todavía sirve”. Aún para escalar el Himalaya.
Fuente: telam